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miércoles 13 mayo, 2026
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Guardianas Rosas: cuando el deporte y la salud se juntan para dar esperanza

La esperanza, la salud y el deporte se unen para dar forma a Guardianas Rosas, el primer equipo de Bote Dragón del Partido de Escobar integrado por jugadoras que han superado el cáncer de mama.

La aparición de Guardianas Rosas hay que entenderla en un contexto más amplio, que tiene origen en 1996, cuando el Dr. Donald McKenzie, médico y profesor de la Universidad de Brithish Columbia, desafío las ideas medicas prevalentes que dictaban que quienes tuvieran un diagnóstico de cáncer de mama deberían de evitar el ejercicio en la parte superior del cuerpo.

McKenzie demostró que la actividad de palear en un bote dragón podía mejorar los casos del cáncer de mama, cuando en 1996 creó el primer equipo de esa disciplina conformado íntegramente por mujeres con ese diagnóstico, al que llamó Abreast in a Boat. La repercusión y el éxito que tuvo esta iniciativa hizo que se transformara en un movimiento global, replicado en más de doce países.

Para conocer más sobre esta iniciativa en nuestro partido, Radiodeportes Escobar dialogó con Silvia Caruso, la impulsora de Guardianas Rosas. Ella, junto con Lorena Suárez Peña y Marina Olasek, dieron más precisiones sobre este significativo proyecto. La idea nace a partir de conocer la historia del doctor McKenzie, quien buscaba una alternativa para que las mujeres que tenían diagnóstico de cáncer de mamas pudieran practicar un deporte que las ayudara a llevar adelante el diagnóstico de una mejor forma. Fue así que convocó a un grupo de 20 mujeres, las subió a un bote dragón y las puso a remar”, inició Silvia su relato.

¿Qué relación guarda un bote dragón con la prevención del cáncer de mama? Caruso lo explica así: “Esta forma de remada es de brazada continua, repetitiva, un ejercicio que produce un drenaje linfático natural. Las mujeres que son operadas de cáncer de mama se extraen los ganglios axilares, por lo que se produce un linfedema, que es cuando se empiezan a inflamar los brazos. Y este tipo de esta modalidad de remada es como si fuera el kinesiólogo, pero lo está haciendo de una manera natural, practicando un deporte en equipo”. Además de este beneficio, remar de esta manera ayuda a fortalecer la musculatura, las articulaciones y la movilidad del brazo.

Siguiendo con la explicación de la llegada de esta iniciativa a Argentina, Caruso destaca la importancia que tuvo Adriana Bartoli, una argentina que estaba viviendo en Canadá y decidió traer a Latinoamérica la experiencia del Dr McKenzie. “El primer equipo que se creó se formó en Argentina en 2013, y se llamó Las Chicas de la Plata. Hoy ya hay 28 equipos en el país, un gran número. Por un lado, son muchas mujeres con diagnóstico, pero que se sumen a esta disciplina es realmente muy positivo”.

El crecimiento de esta iniciativa es evidente, y aunque implicó muchos desafíos, la satisfacción es total. “Nos da mucha energía saber que, a partir del diagnóstico hay una vida plena que podemos realizar y que no tenés que quedarte quieta. Hay muchísimas mujeres remando por la vida. Además, se practica un deporte, que puede ser recreativo, y también competitivo”, explicitó Silvia. Las entrevistadas, añadieron que las mujeres que padecen el cáncer de mama encuentran en el deporte una oportunidad de hallarse reflejadas en otras mujeres: “A pesar del diagnóstico decimos, ‘bueno, a ver, ¿qué podemos hacer?’ Después de todo, es encontrarnos con un montón de mujeres en las mismas condiciones, encontrar un grupo de pertenencia que lo que suma es vitalidad”.

Silvia Caruso empezó a entrenar en bote dragón en el 2019, justamente con lo que ellas denominan un “equipo rosa” (por el color con el que se identifica a la lucha contra el cáncer de mama). “Yo estaba participando de una clínica sobre la concientización sobre la importancia de hacerse los controles, y de todo lo que se puede hacer después del diagnóstico. Me subí al bote con ellos la primera vez, y algo me quedó, me hizo un clic, y si bien yo no tengo el diagnóstico, seguí remando en un equipo y no me bajé nunca más del bote.

Ese fue su punto de partida para empezar a soñar con un equipo escobarense: “Ya había 28 equipos en el país, y pensé que Escobar debía tener uno. Fui de un lado a otro para conseguir el bote, competí afuera y así me fui contactando con un montón de mujeres de equipos rosas, hice muchas amistades en el país y con palistas del exterior, y todos me alentaron a darle para adelante”.

Silvia cuenta que ella también invita a participar a las mujeres que no tienen el diagnóstico, porque “todos tenemos una amiga, o la mamá, o una hermana, una hija, una prima, alguien que pasó por el diagnóstico, alguien en el árbol genealógico tuvo el diagnóstico, o algún vecino, entonces, ¿por qué no?”.

Fue el CUBE la institución que le dio la oportunidad de desarrollar su proyecto: “Me abrieron las puertas de una manera espectacular, así que les agradezco profundamente, y a todos, a toda la gente que nos acompaña, porque llenar un bote rosa no es fácil, convocar no es fácil, porque a veces las mujeres que convocás están tan inmersas en su diagnóstico que es difícil sacarlas de la situación”. Silvia sabe que su tarea no es fácil, pero no se rinde e insiste: “Yo las invito, les digo que vengan, que prueben, y cuando ven el grupo de pertenencia hermoso que se forma, les encanta. Es eso: convocarlas, porque hay algo más después del diagnóstico”, agrega.

Cómo es la competencia de Bote Dragón

Esta práctica milenaria nació como deporte en 1976, en Hong Kong. Un Bote Dragón está compuesto por veinte palistas, más un Drummer y un Timonel, sumando un total de 22 participantes. El Drummer, de rol más simbólico, va en la proa con un tambor representando los latidos del dragón. Cada golpe, cada palada, es un impulso más hacia la vida, esa es la metáfora. En tanto, el Timonel va en la parte trasera, llevando la dirección del bote, y a su vez coordinando y dirigiendo.

Las entrevistadas le cuentan a RDE que no es necesario llegar al número de 20 palistas para salir, sino que pueden hacerlo siendo menos. Lo ideal, comentan, es al menos ser entre diez y doce, porque un bote tiene 12 metros y medio de longitud.

La disciplina llegó a la Argentina gracias a los equipos “Rosas”, y luego se creó la Asociación del Bote de Dragón, que está a cargo de la Asociación China del Bote de Dragón. Caruso cuenta que, a nivel mundial, las chicas argentinas están compitiendo: ganaron en Chile, y pronto competirán en Francia.

El sueño de las Guardianas Rosas

Guardianas Rosas se va transformando, poco a poco, en una realidad. El bote lo recibimos el 3 de julio, lo pusimos en el agua dos días después, y recién ahora se está armando el equipo para remar”, nos cuenta Caruso, que tiene como primer objetivo la regata más importante, la del Año Nuevo Chino, a desarrollarse en febrero. “Vamos a estar presentes, porque es una experiencia maravillosa, independientemente de lo competitivo. Siempre querés ganar, pero lo importante es participar, sobre todo la vivencia con otros equipos”, concluye.

Marina Olasek se muestra feliz de participar de esta iniciativa. “Encontré un grupo, encontré la manera de poder ejercitarme, la manera de estar en el entorno natural. A veces uno se queda con las cosas que no puede en la vida o que no tiene que hacer, o lo que te hace mal, y acá no estás pensando en nada de todo esto: estás disfrutando, viviendo el presente, el momento, y a la vez te sentís más saludable, es agradable el espacio, compartir su mate, una compañía, y a la misma vez estás atenta a tu concentración en remar, en seguir la palada, en mover el brazo de tal manera”, expuso.

Marina no viene del mundo del remo, pero se muestra abierta a aprender. Hace poco empezó, y valora el modo de enseñar de Silvia: “Ella es muy técnica, te ayuda, te enseña, pero también valora y está guardiana de que haya un buen ambiente social, que haya buena onda, entonces están las dos cosas, uno puede disfrutar el hacer una actividad y contenta y compartir”.

Lorena Suárez Peña, otra de las integrantes de Guardianas Rosas, comparte la apreciación de su compañera. “Lo que hay que destacar es la función que cumple Silvia en el grupo, desde la contención, en la convocatoria, y el cuidado que tiene para el equipo. Ninguno es deportista, ni remero, venimos desde cero, y nos cuida hasta el último milímetro, que no nos esforcemos, que no nos lastimemos, toda la reglamentación y los cuidados que hay que tener para estar arriba del bote, desde el seguro, la seguridad, los chales, el gorro, el protector, el ojo, todo.

Luego, Lorena prosigue contando su propia experiencia acerca de participar en esta iniciativa: “Es un antes y un después. La cabeza se te cambia. En mi caso, yo no tuve cáncer de mama, pero tuve otro tipo de cáncer. Y empecé a remar cuando llegó el bote al CUBE, es maravilloso porque te da una libertad para pensar, cambia la vida y la energía familiar. Te da la amplitud para poder seguir adelante desde otro lugar. Desde la alegría, desde la contención, desde la seguridad. Y después de la parte física, lo que hace en el cuerpo es maravilloso. Completo”, cerró.

Por último, Silvia Caruso agradeció la ayuda recibida por parte de la Municipalidad de Escobar. “Tengo que agradecer porque Laura Cejas, que es Subsecretaria de Entidades, realmente nos recibió de una manera maravillosa, se súper involucró en el proyecto y nos abrió las puertas para darnos la entidad, para darnos este reconocimiento. Tenemos todo el apoyo, estamos en la Subsecretaría de Deportes, la Secretaría de Salud, tanto Nicolás Serruya en Deportes, como Juan en Salud, y Juan Manuel también en Deportes, nos ayudan, están atentos, nos preguntan qué necesitamos, y la verdad que lo que necesitamos es que esto se conozca. No podemos prevenir cáncer, pero sí podemos hacernos estudios preventivos, con eso podemos hacer que la enfermedad no llegue a un estadio muy avanzado”, finalizó.

Fotos: Gentileza Silvia Caruso